lunes, 28 de julio de 2014

QUE BONITO RECORDAR...

HOMENAJE I SEMANA SOCIOCULTURAL DEL BARRIO DE SAN FRANCISCO A:
ANA Mª SANCHEZ LOPEZ, DE SU HIJO CARLOS
Me piden que escriba sobre mi madre y el barrio donde se crió… ¿Cómo empezar? Pues por el principio. Las historias que he escuchado de su propia boca.
Ella vivía en el campo, en la labor, en la Casica la Cruz, con sus padres y sus tías, su abuelo se tiró al ruedo y compró una casa en el barrio, aquellas que hizo don Paco Albalat, en ese intento de crear su propio pueblo, delirios de grandeza o zona residencial como lo llamaríamos hoy.
Y allí que se vinieron todos, cuando no estaban trabajando en el campo.
En aquel tiempo, corroan los años 30, las puertas de las casas se cerraban con una silla, y en invierno no se pasaba frio, aunque no tenían calefacción y nevaba en Caudete.
En aquel tiempo, no había guaridas, la gente se reunía al calor de la lumbre, después de trabajar la tierra, cantaban y bailaban unas cuantas piezas y a dormir.
En aquel tiempo las calles del barrio eran de tierra, había una fuente para ir a coger agua, no había luz en las calles, y se retiraban pronto.
En aquel tiempo, los novios entraban con mucho respeto a las casas de las novias, y a veces, de los nervios se llevaban algún mueble por delante al tropezar.
En aquel tiempo, había gente que se equivocaba de casa de noche, recuerdo la anécdota del abuelo de mi madre que casi se mete en la cama de unos vecinos…
La plaza de toros era una maravilla todavía, algo grandioso para el pueblo de Caudete.
Había pocos muebles, un par de vestidos al año si llegaba, y un poco de arrope y calabazate en fiestas de septiembre. Recuerdo perfectamente lo que me han contado acerca de las fiestas en que mi padre fue abanderado de los Moros, un chaleco alquilado, unas pastas y unos porrones, pólvora y esos sí, mucha ilusión.
Eran otros tiempos, sin duda. Tiempos que yo solo he revivido a través de los recuerdos de mis padres, escuchados una y otra vez.
Me cuesta ordenar recuerdos, pero sé que la casa donde ahora duermo cada vez que vengo a Caudete, es una casa con muchos momentos felices para mí y para los míos. También hay algunos momentos tristes, pero son pocos.
Sé que esta casa, ha sido la vuelta a las raíces para mis padres, después de más de cuarenta años de exilio valenciano, aunque realmente una parte de ellos, y de todos nosotros siempre ha estado aquí.                                                                    i madre ha vuelto para quedarse, cumpliendo un sueño, arreglar del todo una casa que siempre quiso, y arreglarla para acoger a sus hijos, aunque a veces le resulte un poco pesado, yo sé que en el fondo lo necesita.                                                   
Cada domingo, cada día de fiestas en que nos reunimos bajo el mismo techo, ella, con sus nervios, con su cansancio, nos prepara una de sus comidas que solo la abuela Ana sabe preparar. Con sus 84 años cumplidos, sigue diciendo esa expresión suya: “¡qué mano tengo!”, y es que hace muchos años que no tiene abuelas…
Orgullosa de sus nietos y de su nieta, presume de ellos ante los vecinos, como toda abuela que se precie.
Mi madre siempre ha sido una mujer de puertas adentro, poco amiga de los actos públicos donde hay que aparentar como ella dice. Una mujer de delantal y labor. Durante toda su vida, bueno, mejor dicho, desde que se casó, antes ella siempre dice que no sabía freír un huevo, ha trabajado para una única empresa: su casa. Lo malo, según ella, es que esta empresa nunca le ha dado vacaciones y por supuesto se niega a jubilarla. Así que ahí sigue, dando guerra, aunque a veces me diga: “es que llegan las seis de la tarde y ya no puedo con mi alma”.
Siempre que me ha contado cosas de su infancia, he notado que se le pone la sonrisa en la boca. También recuerda muchas veces la guerra siendo niña, los milicianos, los aviones, las bombas…
Sé que su familia lo es todo para ella, sigue siendo con sus ochenta ya cumplidos, la nena para sus hermanos. Por desgracia, Antonio, mi tío ya no está con nosotros, le hubiera gustado esto, estoy seguro.
Ella siempre quiso ver bien colocados a sus hijos, objetivo cumplido. Cuatro hijos que ha criado con mucho esfuerzo y amor, aunque ese cariño le haya costado mucho mostrarlo, y lo haga a su manera, hay que quererla así, es mi madre.
Así que aquí estamos, para rendirle un homenaje merecido y querido, y para mostrar aquí, a que este barrio de más de cien años siga vivo.
Gracias a todos aquellos que os habéis propuesto que esto sea posible, y deseo de corazón que vuestros proyectos lleguen a buen puerto y que todos lo que estamos aquí los veamos realizados.
                                                                                                         

                                                                                                                                                       

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